hace un año el día de esa celebración presentamos nuestro póster en el congreso Europediatrics de la European Society of Paediatrics celebrado en Florencia. No estaba la cosa para desperdiciar la oportunidad de irse de congreso a esa maravillosa ciudad.
"Teaching children to educate families: an efficient program for early prevention of childhood obesity"
Aquí os dejo una muestra para que le déis un vistazo. El programa, denominado Infadimed (infancia y dieta mediterranea), está basasado en una série de dibujos animados, de creación própia, cuyos capítulos están adaptados a las diferentes edades de los niños a los que se proyectan. En tres/cuatro sesiones por curso se les pasan esas peliculillas a la vez que se aprovecha la para darles algunos consejos y proponerles algunas actividades basadas en alimentación saludable y en dieta mediterranea. En la actualidad el programa se desarrolla en 6 escuelas de la comarca del Garraf y de l'Alt Penedès y acoge a más de 1500 alumnos desde los tres hasta los seis años.
Lo sorprendente del caso es que el programa funciona. Algo que hemos podido constatar después de cinco años de su funcionamiento en el que hemos objetivado un descenso de los indicadores de exceso de peso (sobrepeso + obesidad). No solo eso, se ha conseguido inculcarles unos hábitos de alimentación saludables aumentando su interés por las frutas y las verduras, observando, como hallago casual, una disminución del número de caries dentales en los niños incluidos en el programa.
El héroe de nuestra serie es El Capitá Vitamines, quien en cada uno de los episodios debe librar batallas contra los malos hábitos y contra el tremendo villano -que también lo tenemos-, El Escorbuto, que pretende destruir todas las frutas y verduras del planeta.
Se trata, en definitiva, de enseñar a los niños desde la primera infancia para que estos lo asimilen y lo incluyan en sus hábitos y a la vez lo difundan a sus famílias. El problema lo tenemos cuando esos niños les prohiben comprarse "chuches" a sus padres aduciendo que El Capità Vitamines se lo ha dicho... En más de una ocasión hemos tenido que salir por piernas de algún papi/mami chucheadicto que nos pedía explicaciones al respecto.
Antes de que muertos de curiosidad le echéis un vistazo a un trozo de nuestra serie os haré un pequeño spoiler. El verdadero héroe del programa completo es Jordi Fernández (localizable en @jordi_fblanco), nuestro enfermero altamente sensibilizado con el tema de la obesidad infantil, ceador, dubujante, doblador, editor, compositor, presentador y artífice de todo aquello que tenga que ver con Infadimed.
Comité Científico
& Jurado
de #lalistadepepe
27 de octubre de 2015
Nota informativa/comunicado de prensa.
Tras la aparición de la Monografía de la IARC (OMS) en la que se evalúa el riesgo de padecer cáncer de colon asociado a la ingesta de algunos productos cárnicos y, habida cuenta la repercusión que ello podría suponer en el premio final de #lalistadepepe, el Comité Científico de la susodicha se quiere pronunciar al respecto en el siguiente sentido:
- La citada monografía y consecuente nota de prensa de la IARC no aporta novedad científica alguna a las ya sabidas en el momento de establecerse las bases del concurso y los trofeos del mismo.
- El posicionamineto del IARC está basado en la evidencia científica fehacientemente demostrable para las carnes procesadas en referencia a su poder carcinogénico, clasificándolas en nivel de evidencia 1 (el más alto) lo que significa que hay evidencia suficiente para hacer la afirmación.
- Quede claro que la carne procesada se incluye en el mismo nivel de evidencia que otras sustancias como el tabaco o el asbesto, conocidas cancerígenas, no por tener el mismo nivel de riesgo, sino por tener el mismo nivel de evidencia.
- El nivel de riesgo de padecer cáncer de colon relacionado con la ingesta de carnes procesadas es, por poner un ejemplo, mucho menor que el de cáncer de pulmón asociado al consumo de tabaco. El estudio concluye que la ingesta diaria (de por vida) de 50 grs. de carne procesada (medio paquete aprox. de los de venta en el súper) supondría un incremento del cáncer colorrectal de un 18%. Para entendernos: 1. El riesgo depende y aumenta con la cantidad ingerida. 2. Ese 18% hace referencia al denominado "riesgo relativo", lo que significa que el riesgo de padecer ese tipo de cáncer incrementaría, de un 3-5% que tiene la población general, a un 4-6% en términos de riesgo absoluto caso de hacerse ese consumo.
- Por todo ello los miembros del Comité Científico a la vista de los resultados han tenido a bien recomendar al Jurado y a la Dirección del evento #lalistadepepemantener ese peassso jamón como primer premio de la clasificación final y el no menos preciado fuet como premio accésit y lanzan la recomendación de poner en esos productos una etiqueta (en prensa) que advierta al afortunado ganador de los riesgos que corre en caso de 1) endiñarse 50 grs de jamón de por vida y 2) meterse el susodicho entre pecho y espalda de una tacada.
Condado de
Rainsville, Alabama. Noviembre de 2014. Esta historia está basada en hechos
ficticios. Todo parecido con la realidad es realidad pura.
Caía el sol en una de esas tardes
claras y luminosas del otoño de Alabama dando luz con uno de sus últimos destellos a aquel mugriento cartel que coronaba la puerta: “ALIMENTóLICOS* ANóNIMOS”
Tragó saliva,
atusó su cabello intentando solventar lo que ya no tenía arreglo y cruzó el
umbral. Al fondo del pasillo, en una sala, oyó voces, se dirigió a ella. Al
entrar se hizo el silencio. Notó como todas las miradas se fijaban en ella,
respiró profundamente, dos, tres veces y se encaminó a la única silla vacía que
alcanzó a ver. Volvió a respirar con fuerza, sintiendo como ese ambiente
cargado empastaba sus cuerdas vocales.
- Me llamo Sussy Jane y soy…
Alimentólica* – susurró, con la última chispa de fuerza que su agitación le
permitió.
- Oooooh! – exclamaron todos los
presentes fundiendo esa exclamación con unos complacientes aplausos.
- Sí –dijo, retomando su discurso,
ahora con más fuerza- lo he hecho, les he estado dando galletas a mis hijos
durante años – añadió, aumentando la potencia e intensidad de sus aseveraciones-
les he dado galletas, ¡muchas! En el desayuno, para llevar a la escuela, en la
merienda, después de la cena… El día de acción de gracias, en Halloween, por
año nuevo y hasta en St. Patrick’s –gritó desgañitándose- Y no sólo galletas... bollos, chips, zumos y cantidades ingentes de embutido...
Bajó su mirada
sintiendo como esos gritos iban dando paso a sollozos que apagaban su voz.
Todos los silencios se le encaraban…
- Veréis, amamanté a mis gemelos hasta más allá de los dos años de vida tal y como me
dijeron mi pediatra y la enfermera. Seguí sus consejos para la introducción de los alimentos. Pesé y medí escrupulosamente las cantidades. Sólo les di aquello que recomendaban y evité lo prohibido.
- Ahora ya pueden comer de todo –me dijeron una vez superado el año.
- ¿Cómo? –pregunté-. ¿De todo?
- Pues eso… sí, de todo. Lo mismo que coméis en casa.
En aquel momento eso me alegró, ¡Qué fácil!, pensé. Pero a medida que pasaban los días, las semanas, los meses me percaté de que eso era complicadísimo. Los niños cada vez tenían más poder de decisión, comían de lo que les gustaba y rechazaban lo que no les apetecía o las cosas nuevas que les daba a probar. Cada vez estaba más limitada su dieta. Intentaba que comieran “sano”, ¡lo juro!, pero no había manera. Además, al ser dos cada uno tiene sus gustos… Volví a preguntar a su equipo de pediatría y poco me aclararon. Fui a una consulta privada, mucha charla, pero no resolvieron mis dudas. Miré en revistas y páginas web de dietistas: todo cifras, números y porcentajes, poco práctico y, a fin de cuentas, no me decían lo que yo necesitaba saber. Mi madre opinaba, la suegra metía baza, una cuñada me liaba… yo cada vez me sentía más impotente a la par que mis niños cada vez comían más galletas…
(to be continued)
¿QUÉ DEBE COMER UN NIÑO? (part I)
Hasta aquí la desesperación de nuestra querida Sussy Jane en un intento por alimentar de manera adecuada a sus retoños a modo de introducción. Desesperación por otro lado comprensible ya que, a pesar de haberse volcadolitros de tinta (de la Pelikan® o virtual), las guías prácticas
y consensuadas del tema brillan por su ausencia. Durante los últimos años han
pasado por mis manos multitud de ellas, la mayoría poco útiles, algunas
dogmáticas en exceso, otras demasiado genéricas o llegando a niveles de concreción
que las hacen inaceptables. Muchas desfasadas ya en el momento de su
publicación. Y otras auspiciadas por intereses comerciales que las hacen poco creíbles.
Por qué, realmente,
¿Qué sabemos los pediatras de nutrición infantil?. Pues la verdad es que cada
uno de nosotros sabe lo que le interesa aprender. La formación en ese terreno
durante el periodo de residencia es escasa. Manejamos una cápsula de biopsia gástrica de Crosby
mejor que un escolar su yo-yo y recordamos con precisión la mutación del gen
TP53 en el síndrome de Li Fraumeni, pero somos incapaces de informar con
certeza de lo que debe desayunar un niño de cuatro años.
Sabemos las
calorías exactas que debería ingerir al día, los porcentajes destinados a cada una
de las comidas, la composición de todos los alimentos, su ubicación en la
pirámide nutricional, los N-3 LCPUFA que deben recibir, y hemos revisado los papers de la ESPGHAN varias veces. A día
de hoy hay 381.000 resultados en Google a la entrada “alimentación infantil”
muchos de ellos de fuentes fiables, pero cuando una mamá nos pregunta que le
debería dar de merendar a su hija de 7 años, por ejemplo, se nos queda una cara
de póker que ni al farol sabemos jugar. Las familias acaban defendiéndose como pueden viéndose abocadas, muchas de ellas, a ser víctimas del alimentolismoilustrado**.
Personalmente creo que eso se debe a varios factores que, sin citar la consabida falta de tiempo, enumero:
La
casi ausencia de formación, a la que ya he hecho referencia.
Un
gran número de conocimientos teóricos mal traducidos a la práctica cotidiana y diaria.
Obviar,
a menudo, que, al igual que hemos asumido que cada niño es un mundo, debemos ir
incorporando en nuestro pensamiento que cada uno de esos mundos tiene su propia
dieta. La alimentación infantil no es algo que se pueda explicar en dos minutos con el
apoyo de un folio en el que, de manera estándar, están anotadas ciertas
indicaciones genéricas.
La presión ejercida por el "entorno" más cercano del niño ante el miedo de que éste esté mal alimentado. Siempre he creído que en esto tiene bastante que ver el hecho de que no hace más de varias décadas en España se pasaba hambre y existían patologías relacionadas con la malnutrición. Todo eso contribuyó a crear, en su momento, una "cultura popular de la alimentación de subsistencia" adaptada a unas necesidades y donde la proteína animal era un bien escaso y preciado que, a pesar de los cambios sociales, se ha transmitido de padres a hijos (especialmente de madres a hijas) y sigue vigente en la actualidad.
El Acoso, con mayúscula, a que se ven sometidos los niños, sus familiares, sus pediatras, sus farmacéuticos, sus vecinos, sus tíos y sus todo por parte de las empresas de productos alimenticiosque, a golpe de maestros del marketing, nos inundan con campañas publicitarias con una única finalidad: ganar más dinero, perdón: ganar más aun.
La alimentación
del niño es un pacto tripartito entre el equipo de pediatría, que aporta sus
conocimientos y experiencia, la familia, que aporta sus hábitos, ganas de
aprender y el cariño y, frecuentemente olvidado, el propio niño
que “aporta” sus gustos, sus variabilidades, sus neofobias, su cronograma, sus intereses, sus
distracciones, y gran parte de todo su mundo. Ese niño que cuando se da cuenta
de que la preocupación familiar gira en torno a lo que él come es capaz de
mantener sus maxilares sellados a cualquier precio obteniendo, a cambio, la
recompensa de saberse en boca de toda la familia constantemente. El mismo niño
que cuando ve salir a la mamá con el plato de la cena frunce el ceño y cambia
su alegría por tristeza sabiendo que en la próxima hora se va a proyectar otro
capítulo de esa gran serie de éxito continuo llamada “Mi niño no me come”. Aprovecho para decir que ese taburete de tres patas lo reconvertiría gustoso en mesa de braserode cuatro incluyendo, si se prestan, a los dietistas en la medicina pública, quienes con su ciencia lo convertirían en más estable y cálido.
Tenemos que
reinventarnos en este sentido,hacer la conversión de esos conocimientos teóricos en “trozos
de pollo por semana”, “yogures al día” o “piezas de fruta en el recreo”.
Debemos aprender a enseñar cómo alimentar
a los niños más allá de en cantidad y/o calidad. Debemos enseñar cómo
conseguir que les guste comer, diversificar, a que ellos sepan lo que les
conviene y lo que no. A que no vean en la hora de la comida un rato de
sufrimiento, persecución y chantaje sino un rato de diversión, entretenimiento y placer.
Debemos enseñar a los padres a interpretar los gustos de sus hijos y a que
entiendan que la acelga que hoy no coma las tomará mañana en forma de
lechuga.Y, a la postre, enseñar a comer a los padres para que los hijos vean en ellos su modelo. Y, como se ha intentado en ocasiones, educar a los niños para que estos eduquen a sus familias. Uno de los beneficios que le estamos observando en nuestro programa Infadimed del que otro día os hablaré.
Reconozco, con mi
mano derecha en el pecho, a la altura del corazón y la izquierda sobre los Position Statements de la NASPGHAN que
en mi quehacer diario hay multitud de lagunas sobre todo eso. Es por ello que,
a modo de penitencia y en muestra de mi compungida esencia, la próxima semana
empezaré a publicar unaserie de posten la que intentaré hacer los deberes
sobre lo que debe comer un niño cada día. Y desde aquí invito a quien quiera
colaborar, corregir, aumentar y/o emborronar lo que yo publique para intentar,
de una vez por todas, hacer un esbozo de guía de alimentación que cuente con la participación de pediatras, enfermería pediátrica, dietistas-nutricionistas,
técnicos en alimentación, psicólogos, cocineros y cualquier persona que se sienta implicada y tenga la predisposición a hacrelo. *Alimentólico: Dícese de aquella persona que cae, con voluntariedad o sin ella, en la manía de alimentarse de manera inadecuada consciente o inconscientemente. ** Alimentolismo Ilustrado: Movimiento que aboga por el gobierno alimenticio de los alimentólicos en su máxima expresion.